Fotos: Arnaitz Rubio

Es una caja de sorpresas; hasta que la abres no te das cuenta de todo lo que contiene. El donostiarra Ion Aramendi ha sido jugador profesional de baloncesto, revisor de butano, camarero, incluso director de dos fábricas. Aterrizó en televisión por la puerta grande, llegando a Sálvame gracias a un video-parodia que hizo gracia a los directores del programa. Lo primero que le tocó cubrir fue un concierto de Isabel Pantoja. De aquella época guarda buenos recuerdos y mejores amigos. De Jorge Javier, con el que mantiene muy buena relación, dice que es buen compañero y muy comprensivo con los reporteros de calle. Pasen y lean.

 

Pocos saben que antes de dedicarte a la comunicación, eras jugador profesional de baloncesto.

Soy el tercero de cuatro hermanos y nos conocían como  “los hermanos Aramendi” en el mundo del basket. Empecé a jugar de pequeño, con siete años. Estuve en clubes como el Askatuak o Loiola-Easo, y con 14 años fui jugador promesa. Después, en mi etapa en Salamanca, cuando estudiaba Periodismo en la Universidad, estudiaba y jugaba ya como profesional en la Liga EBA. No era millonario, ni mucho menos, pero me llegaba para vivir. Jugué hasta los 30 años, cuando me retiré por una lesión.

 

¿Qué te ha aportado el deporte a nivel personal?

El deporte me ha dado muchísimas cosas, tanto a nivel físico, como a nivel mental. Aprendes a coordinar el cuerpo, brazos y piernas, y también te hace anticiparte a los movimientos de los demás. En los platós, tengo una visión global, siendo consciente de todo lo que está ocurriendo a mi alrededor. Jugar a baloncesto también te enseña, como no podía ser de otra manera, a trabajar en equipo, algo muy importante cuando presentas un programa. También aprendes otros valores como solidaridad, empatía, etc. Todo son beneficios, por eso a mis críos les inculco la importancia de practicar deporte.

 

¿En qué puesto jugabas?

Al principio era base, pero como era muy “chupón” y lo metía todo, me pusieron como escolta. En un equipo cada uno juega un papel y yo era de los que me gustaba jugarme la última canasta; no por afán de protagonismo, sino porque si fallaba no iba a hundirme. No me daba tener la pelota, no tengo miedo a casi nada.

 

Tienes pinta de ser una persona a la que le gustan los retos…

A ver, no soy de los que me paralizo ante el miedo a fallar. Me lanzo y ya vendrá lo que   tenga que venir. Cuando tenía 30 años, me separé de la que era mi mujer en aquel momento y dejé el baloncesto y todo lo que tenía para marcharme a Australia. Tuve una especie de crisis existencial y necesitaba poner tierra de por medio. Allí estuve un año; trabajé como camarero y después en un restaurante griego donde me hicieron encargado. Perfeccioné mi inglés, que era uno de mis objetivos y que me ha servido tanto después. Y otra cosa que me aportó Australia fue el surf. Allí también jugué a baloncesto con uno de los cocineros del restaurante y toda su familia, que eran filipinos y pequeñísimos. Con mi 1,86 era pibot, imagínate.

 

Según Wikipedia, tu primera experiencia en la televisión fue como reportero en Sálvame. ¿Cómo llegas a Telecinco?

Si preguntas a mi padre, te dirá que fue gracias a él, y si le preguntas a mi madre, te dirá que fue por ella (risas). Fue pura casualidad. Acababa de volver de Australia y estaba sin un duro. Empecé a trabajar con mi hermano, recorriendo todo Segovia a bordo de su furgoneta haciendo revisiones de butano. Un día mi madre, o quizá mi padre, según quién cuente la historia, se enteró de que la Fábrica de la tele estaba haciendo un casting para seleccionar un reportero para un programa de corazón. Solo había que enviar un video, se supone que haciendo labores de reportero, pero como siempre he sido muy gamberro y nunca pensé que iban a cogerme, hice una especie de parodia con mi hermano del programa El último superviviente, que por cierto está en youtube (ultimate survival). No tenía nada que ver con los programas del corazón, porque yo no sabía nada sobre ese mundo. La selección se hacía mediante votación y terminamos en la semifinal. Volvieron a pedirnos un nuevo video en el que una vez más tiramos del humor, poniendo una peluca a mi padre y parodiando a David Hasselhoff en una piscina vacía. Parece ser que gustó y terminé un viernes haciendo una entrevista con los entonces directores de Sálvame, Carlota Corredera y Raúl Prieto. Unas horas después me llamaron para decirme que empezaba el lunes. Imagínate la fiesta que me pegué ese fin de semana.

“No se me había ocurrido que la imagen del reportero preguntando a un coche en el que se supone va una persona famosa ya era un contenido en sí mismo”

 

¿Eras seguidor de programas del corazón?

Para nada. Como no tenía ni idea me ayudaban muchísimo las compañeras de agencias como Europa Press y Corpa. En los photocalls y durante los primeros años me ayudaban a identificar a la gente: la ex de un torero, la hija de una cantante… Les he debido la vida.

 

¿Qué fue lo primero que hiciste como reportero de Sálvame?

No se me va a olvidar nunca. Lo primero que me tocó cubrir fue un concierto de Isabel Pantoja. Recuerdo que al volver a la redacción conté cómo al terminar el concierto vi pasar el coche de la Pantoja, y entonces me preguntaron: “¿Y no le has preguntado nada?” ¡Pero cómo iba a lanzar una pregunta a un coche! Es que ni se me había ocurrido que esa imagen, la del reportero preguntando a un coche en el que se supone va una persona famosa, ya era un contenido en sí mismo.

 

En el primer programa, que se emitió en abril de 2009, pocos meses antes de que te incorporaras como reportero, presentan a Jorge Javier Vázquez como “la joven promesa de la tele”. No ha llovido nada desde entonces…

La verdad es que con Jorge Javier Vázquez tengo una buenísima relación. Es uno de los mejores presentadores, está en el top de los mejores en cuanto a saber cómo hacer tele. Él venía del Tomate, un programa que había revolucionado la forma de hacer corazón, desde una perspectiva inteligente y también gamberra. Es muy buen compañero y muy generoso con los que hemos hecho calle.

 

¿Mantienes relación con otros colaboradores del programa?

Tengo buen rollo con muchos de ellos: con Lidia Lozano, Rosa Benito, con Karmele Marchante, que me escribió el otro día, con Paz Padilla, que lo está pasando tan mal la pobrecita… De Belén Esteban te diré que es una persona que se ha rehecho; que pasó por una mala racha pero que ahora está muy bien y que además es buena persona y buena compañera. De Kiko Matamoros, con el que también me llevo muy bien, te diré que a lo mejor es el que lo vive con una perspectiva diferente, casi como un juego. Y con los famosos también tenía buen feeling. Fíjate, la Pantoja tuvo más de un gesto de cariño hacia mí, a pesar de que estuve tantas horas haciendo guardia en su puerta.

“Una de las cosas más locas que me tocó en Sálvame fue el viaje a Miami para localizar al ex de Víctor Sandoval”

 

¿Cuál es la situación más loca que te tocó vivir?

Sin duda, el viaje a Miami para buscar al ex de Víctor Sandoval: Nacho Polo. Primero fui yo solo para localizarlo, no sabíamos dónde vivía. Cuando dimos con él nos hicimos con una bolígrafo-cámara en una tienda de espías y le hicimos una cámara oculta. Después vino Víctor que estaba muy afectado y hubo discusiones y situaciones muy tensas. En aquél momento me marcó mucho, pero ahora lo recuerdo con cariño.

 

¿Pero era real lo que pasaba, o era teatro?

Víctor Sandoval es una persona muy intensa y que estaba muy enamorada de Nacho. Aunque parezca mentira, lo que él vivía era totalmente real. Mi paso por Sálvame lo recuerdo con muchísimo cariño y fue una gran oportunidad para aprender a hacer tele. Además, como era de los pocos que me manejaba en inglés, tuve oportunidad de hacer otro tipo de cosas como entrevistar a Me Gibson, Morgan Freeman o Brad Pitt. Eso fue un auténtico lujazo.

 

¿Qué te decía la gente por la calle? ¿Eran benévolos contigo o te decían cosas?

En aquella época el tema fama fue algo muy loco. Ten en cuenta que salía todas las tardes en la tele en el programa de más audiencia. La gente me paraba en cualquier lado, tomando un café, en el supermercado, etc. Llegó a ser, incluso, abrumador. Recuerdo un directo en Benidorm, rodeado de 150 personas. Pero la gente es muy maja y en general tengo buenos recuerdos.

 

¿Qué te hizo dejar el programa?

Al final me sentía muy quemado de estar siempre a pie de calle. Ya tenía cerca de 40 años y un hijo, y no era fácil encajar ese ritmo de trabajo con guardias de 12 horas, eventos por la noche, etc. Recibí una llamada de la productora K-2000 para presentar un magazin de tarde con Klaudio Landa y Adela González, a los que admiraba un montón, y para mí en ese momento se abrió el cielo. Suponía dar el salto como presentador y además volver a mi tierra 20 años después. Lo consulté con mi mujer y decidimos venirnos. Agradezco la confianza que tanto la cadena como la productora pusieron en mi persona porque fui realmente feliz en ese programa. Era un programa diario, de actualidad, pero también con un punto gamberro y me dio la vida. Además, presentar un programa en directo te da muchas tablas.

“La tele es un medio brutalmente honesto, y si lo estás pasando bien, se lo transmites al público”

 

El programa acaba de comenzar nueva etapa con Itziar Alduntzin al frente, la que fuera compañera nuestra en Onda Vasca. ¿Qué le dirías?

Pues Itziar es una profesional como la copa de un pino, y aunque la radio no es igual que la tele, ella tiene experiencia en ambas plataformas, así que en lo profesional no tengo mucho que decirle. En lo personal le diría que tenga paciencia y sobre todo que disfrute, porque la tele es un medio brutalmente honesto, y si lo estás pasando bien, se lo transmites al público.

 

QMEC es la competencia de Sálvame, tu anterior casa. ¿Te obsesionaban las audiencias?

No me vuelvo loco, pero no te voy a negar que me importan, porque si un programa no funciona se lo cargan, y cuando tienes malos datos lo pasas mal. De todas formas, siempre he sentido que estaba en un caballo ganador, tanto cuando estaba en Sálvame, como cuando estaba en ETB o ahora en TVE con el Cazador.

 

Por cierto, está siendo un éxito.

El formato mola mucho. La edición británica lleva ya 13 temporadas en antena y los ingleses no son tontos, así que pensé que sería un buen producto. Es un concurso, que hasta ahora no había hecho, en el que lo pasamos realmente bien. Y, a fin de cuentas, la tele para mí es eso: puro entretenimiento. Amo hacer televisión y este concurso es un producto muy blanco, divertido y en el que aprendemos cosas cada día. Estamos grabando ahora la tercera edición y que dure mucho. Si me ofrecieran algo más, no dudaría en lanzarme a la piscina, pero quiero seguir haciendo el Cazador.

 

¿Te ves haciendo ficción?

A mí lo que me gusta sobre todo es la comunicación. En ficción no me veo. He sido locutor publicitario y he hecho varios spots para marcas como Bezoya, Peaugeot, etc. En ese sentido, me encantaría ser actor de doblaje, la interpretación con la voz es algo que me fascina.

 

Incluso has llegado a hacer un programa desde casa.

Efectivamente. Todos en casa surgió en pleno confinamiento, cuando acababan de comunicarme que la grabación de la segunda temporada del Cazador quedaba suspendida hasta nuevo aviso. Estaba preocupado por lo que se nos venía encima y entonces la productora me propuso hacer un programa desde casa. Hicimos tres programas, que era lo que estaba previsto, y fue una experiencia muy bonita. Mi mujer, que también se dedica al mundo de la tele, estuvo de acuerdo y me animó a hacerlo. Técnicamente tuvo su complejidad, tuvimos que montar el plató en casa nosotros solos y supuso un reto, pero en mi familia conformamos un equipo y estoy muy contento de cómo salió todo.