El 13 de marzo, a las 13.30 eché la persiana de mi tienda, Natalietta, para encerrarme en casa hasta nuevo aviso. Llevaba días llevándome material de la tienda para seguir haciendo tocados en mi taller casero. Me lo veía venir. Pero el tiempo pasaba, las fiestas se aplazaban, la incertidumbre era cada vez mayor y de teletrabajar haciendo tocados, pasé a coser mascarillas…

Decidí no vender, no hacer envíos (era un riesgo innecesario), y la situación me parecía demasiado dramática para enseñar mi tienda desde el escaparate virtual que son las redes sociales. La nueva colección, recién llegada, debía esperar intacta en la tienda.

Sin embargo, desde mi balconcito, veía cómo los repartidores no paraban de pasar, y mientras los grandes seguían con su actividad, cada vez me sentía más pequeña. Y sí, soy pequeña, tengo un comercio pequeño en tamaño, pero muy grande en intenciones, ganas e ilusión, y todo eso no cabe en una caja con una sonrisa impresa, la sonrisa la pongo yo.

Bajé a la tienda (al lado de casa, ventajas de vivir en un pueblo pequeño), llené una maleta, otro día otra, y otra… Llene una habitación con todo, mientras en mi cabeza sonaba la canción de «la tienda en casa…» y empecé a poner en práctica mis años como estilista de moda, a montarme un estudio en cada rincón de casa, un trípode con cada cachivache que pillaba, y a controlar el temporizador de la cámara del móvil… Y esta vez, encima, yo sería la modelo. Dar la cara aún más, hablar y llegar a esas personas que se acercan cada día a mí comercio, pero desde la pantalla de mi móvil.

Ha sido un aprendizaje diario; la interacción, el feedback, etc. He desarrollado herramientas que me daba miedo utilizar, las he probado y han funcionado. Y al otro lado de la pantalla, la mejor sorpresa, el APOYO de las clientas de siempre, y de muchas nuevas, que con todo esto se han parado a pensar y han decidido consumir con más conciencia.

No he pretendido vender on line, sino dar un servicio, el de la atención personal, de una manera virtual. Crear contenido para que nadie se olvidara de nosotras, intentar transmitir positividad y ganas de tirar para adelante. Vender es esencial, y eso ha venido después… Ese ha sido el fruto del teletrabajo que ha consistido en transmitir la esencia de Natalietta de manera digital.

Porque yo no vendo ropa, vendemos lo que esa ropa hace sentir, lo que vas a vivir con ella… Porque el comercio pequeño y las pequeñas marcas son muchas historias de personas con ilusiones, emprendedoras, que generan trabajo, y forman parte de una rueda que gira gracias a tod@s, y que ahora más que nunca no podemos dejar que pare.

Hemos estado parados mucho tiempo, hemos visto nuestras calles más tristes que nunca… No nos hemos sentido en demasiado tiempo, y nos hemos dado cuenta de cuanto NOS NECESITAMOS.

Ahora toca reflexionar, hemos tenido más tiempo y motivos que nunca para hacerlo:  ¿Nos olvidaremos pronto de esto? Espero que haya servido de algo.