Mi médico de cabecera sentenció: “con los años uno-a se “enjamona” o se “enmojama”. No te preocupes, las pasas viven más…” Y se quedó tan pancho, pasándome un listado de los alimentos que ya no podía comer. Algo deprimente a las puertas del solsticio de invierno, el momento en el que desde la antigüedad celebramos el renacimiento del sol y en honor al dios de la agricultura, Saturno, comemos, bebemos y volvemos a beber como los peces en el río…

Recuerdo que llegando estas fechas mi padre salía a cazar un conejo, lo traía a casa y con sus larguísimas manos lo despellejaba. Ponía la piel a secar, la colocaba en un búcaro, tensa, sujeta con una liza y en el centro le metía una caña. Llegando la Nochebuena, estrenábamos la preciosa zambomba, que nuestro Ángel tocaba con una hoja de lechuga entre los dedos. Al tiempo que en cuarteto nos desgañitábamos cantando “ande, ande, ande, la marimorena…”. Marimorena significa alboroto, bullicio, pero en mi imaginación infantil “la Marimorena” era una señora gruesa, muy flamenca ella, de ande, ande, ande… reina del “folklore” popular (recientemente tuve conocimiento de que esa palabra la inventó Wiliam Thoms, en 1.846, uniendo “folk” (gente, raza, pueblo) y “lore” (saber).

Recuerdo también que un día, después de los cánticos, mi padre descorchó una botella de champán, el corcho dio en el fluorescente y todos los cristales cayeron encima de los espárragos y langostinos de la viscontiniana mesa.

Pero, pasara lo que pasara a nadie nunca se le ocurría hacer un plan fuera de las cuatro paredes de nuestro humilde hogar, que esperaba con devoción la llegada de los Reyes Magos.

Este año, sin embargo, iremos al Concierto Solidario de Navidad en el Kursaal, a escuchar el Mesías de Händel y Carmina Burana, recorreremos mil veces el Mercado de Navidad-Gabonetako Azoka, que inspirado en los mercados navideños de Centroeuropa, nos ofrece mil ideas artesanas para regalar, desafiando humildemente a Amazon.

Hoy, que criticamos con mucho énfasis los despilfarros en Navidad, parafrasearía a Ana María Matute: “¡Es tan fácil criticar y tan difícil hacer una caseta para el perro!”. En este caso, una zambomba para que la señora Marimorena ande, ande, ande “enjamonándonos” con alegría, una vez más y a pesar de todos los pesares.

¡Egu berri on! En fin.