¡Ay, qué buenos momentos dieron! Pocas productoras pueden compararse con la Cannon, los reyes del videoclub en los 80 a base de disparatadas historias, producciones low cost e interpretaciones flojísimas. Recorremos la vida de esta compañía a través de varios de sus títulos.

1981 – La justicia del ninja

A finales de los 70, dos entusiastas israelís, Menahem Golan y Yorum Globus, desembarcaron en Estados Unidos dispuestos a revolucionar el cine. Lo que no sabían es que lo harían para mal. Estos dos superproductores dieron por hecho que, como veían muchísimo cine, podrían dedicarse a ello, y compraron una pequeña productora, Cannon Films. Como era lógico, su plan brillante no funcionó hasta que aparecieron en escenas ninjas. ¡Sí, ninjas! La justicia del ninja, protagonizada por el carismático bigote de Franco Nero (y su portador) fue su primer éxito. La fórmula hacia el estrellato estaba desbloqueada.

1984 – Breakin’ y Desaparecido en combate

La misma historia de ninjas se podía contar de muchas maneras. Charles Bronson podía hacer de vengador en la saga de películas de Yo soy la justicia y Chuck Norris podía acabar con todo vietnamita en Desaparecido en combate, daba igual. Cannon Films se había afianzado como una vergonzosa compañía y estaban orgullosos de ello. Tanto, que hasta se atrevieron con Breakin’, película en torno al fenómeno del momento: el breakdance. Fue, sin duda, su La La Land.

1987 – Yo, el halcón y Superman IV: En busca de la paz

John Cassavetes, Tobe Hooper y hasta el mismísimo Jean-Luc Godard se sumaron a la Cannon en su cenit. La compañía dirigida por estos dos esperpénticos israelís era lo más. Pero en 1987 todo cambió. Espoleados por los buenos datos en taquilla de El guerrero americano y El tren del infierno, decidieron echar toda la carne al asador, concretamente la de Sylvester Stallone, en Yo, el halcón. A cambio de una cifra mareante de dólares, Sly interpretó a un camionero divorciado que busca recuperar el cariño de su hijo ganando un campeonato de pulsos. ¿Qué pudo salir mal con tan buen punto de partida?  A este fracaso se le suma el de Superman IV: En busca de la paz, un film de superhéroes sin dinero para efectos especiales y al que Christopher Reeve volvió a dar vida solo para que le produjeran otra película que a él le interesaba.

 

1988 – Contacto sangriento

Cannon Films estaba en coma, apenas le quedaban unos años de vida, pero todavía quedaba por aparecer él: Jean-Claude Van Damme. Con Contacto sangriento consiguieron su último éxito, pero las deudas iban a más y la compañía cerró. Afortunadamente, las decenas de títulos que produjeron en menos de una década seguirían a buen recaudo en los videoclubs de los 90.