Desde su bautismo en la guerra del Líbano de 2006, Mikel Ayestaran no ha parado de cubrir un sinfín de acontecimientos internacionales. Israel, Afganistán, Irak o Siria son solo algunos de los países en los que este periodista beasaindarra ha estado contando sus historias y las de sus ciudadanos.

¿Qué tiene Oriente Medio para que dejaras tu casa y te afincaras allí?

¿Qué no tiene? Como periodista es un desafío diario intentar comprender lo que ocurre y explicarlo de la mejor forma posible. Esta zona lo tiene todo y Jerusalén, en particular, me parece la ciudad más interesante del planeta.

Eres un periodista freelance que trabaja en zonas de conflicto. ¿Te consideras un superviviente tal y como está la situación laboral del periodismo?

Me considero un freelance privilegiado porque los medios con los que colaboro de forma habitual me tratan con dignidad y me respetan, pero no dejo de ser un trabajador autónomo cuyo plan de vida (y el de su familia) es año a año. Imposible hacer planes, imposible tener una seguridad.

Llevas años como periodista internacional afincado en Jerusalén. ¿Cómo llevas el hebreo? ¿Y el árabe?

Mal, eternas asignaturas pendientes.

Te acabas de estrenar en el mundo del cine con el corto documental Damasco: el silencio de la guerra de 5W. ¿Esperabas dar este salto?

En el trabajo soy una persona de ciclos. Tengo que introducir nuevos retos cada cierto tiempo y tras probar el mundo de los libros, soñaba con este nuevo formato. El cine documental me abre una nueva forma de contar. Soy partidario de apostar por todos los formatos posibles.

Has mencionado más de una vez que el fútbol te ha abierto muchas puertas a la hora de hacer coberturas. ¿Más allá del Barcelona y el Madrid, alguien conoce a la Real Sociedad?

Es una labor complicada, pero yo trato de explicar que por encima de la cartera, está el corazón. Soy un embajador sin fronteras de la Real Sociedad, pero romper el duopolio del Madrid y el Barcelona es más complicado que ganar la Liga.

¿Cuál es la cosa más extraña que te ha pasado en una cobertura o en un directo?

En 2009 tuve que dejar la guerra de Gaza porque mi hija estaba a punto de nacer. Mi mujer me llamó y me dijo: “vienes hoy o no vengas”. Salí de allí, me subí en el primer avión y llegué por los pelos al nacimiento de Ane.

¿Entre todos los países en los que has estado, cuál recuerdas con más cariño?

Como viajero, Irán es un país que cautiva, pero si vas como periodista todo son pegas para poder moverte y salir de Teherán. Como periodista, tengo especial cariño a Siria porque he podido conocer el país antes, durante y ahora en plena posguerra.

¿No te da la sensación de que la información internacional está demasiado estancada en las catástrofes y los conflictos?

Son los momentos que “venden” más desde el punto de vista informativo, pero el año es muy largo y no hay catástrofes y violencia cada día, menos mal. Lo que ocurre es que son momentos de tal tensión que se quedan para siempre en la memoria de los lectores.

¿Después de tantos años cubriendo el conflicto palestino no tienes la sensación de que estás contando una historia sin final?

Todo tiene un final. En este conflicto sobran palabras y falta voluntad política para abrir la puerta a una solución. El hastío se debe a que lleva décadas abierto. Está todo contado y explicado en todos los formatos imaginables, pero lo hacemos tan mal, que hasta que uno no lo ve con sus ojos y lo siente, no puede imaginar lo que es vivir bajo ocupación.