Los sepulcros ‘Roja’ y ‘Acodada’ se han convertido en un atractivo turístico

Unos 30 kilómetros al sur de las famosas pirámides de Guiza, se encuentran las menos conocidas de Dahshur: fuera del circuito turístico masivo, son de las más antiguas de Egipto y muestran la evolución en la construcción de estos monumentos hasta llegar a tener una forma triangular perfecta.

La pirámide Roja de Dahshur. Foto: Efe

Después de haber sido acondicionadas, los visitantes ya pueden acceder al interior de la pirámide Roja y de la pirámide Acodada por un módico precio de 60 libras egipcias (poco más de 3 euros). Beatriz Pérez, una turista española, asegura que las pirámides de Dahshur «transmiten una energía totalmente distinta a las otras». «Nos ha traído un guía estupendo, no hay gente y estamos nosotros solos aquí, es fantástico», agrega.

El faraón Seneferu mandó construir las pirámides Roja y Acodada, y se cree que una tercera, antes de que su hijo Khufu, ordenara levantar la majestuosa Gran Pirámide, que les robó protagonismo a sus predecesoras menos perfectas. La pirámide Acodada o Romboidal, la más antigua, es la única que mantiene parte del revestimiento original de piedra caliza, pero su estructura no era del todo triangular. Mientras, la pirámide Roja, construida posteriormente, fue la primera con caras perfectamente triangulares y lisas, aunque todavía tenía un aspecto achatado; es de arenisca y recibe su nombre de las piedras de este color colocadas en la entrada.

Según Tareq Fati, que acompaña a turistas hispanohablantes a visitar el sitio arqueológico de Dahshur, la importancia de estas pirámides es que se encuentran en pleno desierto, tal y como estaban las de Guiza hace miles de años, antes de que El Cairo las engullera en el siglo XX. Para los turistas que no sufren claustrofobia y que quieren vivir una experiencia diferente, entrar en las pirámides Roja y Acodada puede ser incluso más interesante que la Gran Pirámide, porque su interior está iluminado y se pueden apreciar sus pasadizos y cámaras con detalle.

En la pirámide Roja se puede llegar hasta la última cámara, donde el turista puede imaginarse la presencia de la momia del faraón debido a un fuerte olor a amoníaco. Una plataforma de madera en medio de la estancia permite observar las paredes rocosas del interior de la cámara, donde se cree que estuvo el cuerpo de Seneferu. La incursión en la pirámide Romboidal es diferente y sorprendente, ya que al acceder se puede notar una bocanada de aire fresco al comienzo del largo túnel, que se ensancha progresivamente conforme avanza hacia las entrañas del monumento.

Aparte de los antiguos monumentos, no hay sino arena y un quiosco para comprar las entradas junto al puesto de control de la Policía turística, pero ni un sólo vendedor de souvenirs o agua, ni los agobiantes jinetes que en las pirámides de Guiza ofrecen un paseo en camello, caballo y calesa.