El Rock Radical Vasco cambió sociedad de la época criticando las injusticias sociales, laborales y religiosas

La persona que redacta este artículo no vivió en los años 80, le quedaba bastante tiempo para nacer, pero lleva toda la vida escuchando a grupos que aparecían con una guitarra, un bajo y dos baquetas en cualquier gaztetxe de Euskal Herria para contar su historia. Me refiero a Eskorbuto, Cicatriz, La Polla Records, Hertzainak, RIP, Kortatu o Zarama. Estas bandas generaron una explosión punk, una mezcla de rabia, descontento y desenfreno que tiñó de chupas de cuero, “litronas” de cerveza y letras corrosivas la escena vasca.

Apestados e incomprendidos

A este millenial que vive rodeado de personas que cuidan con detalle la última foto que han subido a Instagram, le encantaría dar una vuelta por la decadente margen izquierda, cuna de himnos como Historia triste, Dena ongi dabil o Cerebros destruidos, para comprobar si todo lo que ha leído fue cierto. Ser punk en aquellos años, tuvo que ser parecido a padecer la peste en la lúgubre Edad Media europea. Hilando más fino, podía compararse con el grupo de personas que vivían en la isla cercana a Venecia (Poveglia) donde mandaban a los enfermos a pasar sus últimos días.

Ninguna persona de bien quería cruzarse con ellos, los policías los conocían por su nombre de pila y fueron constantemente señalados por su ropa, actitud y modo de vida. Unos incomprendidos en medio de una sociedad trabajadora que aspiraba a que llegara el sábado para ir a hacer la compra. ¿Os suena?

Lo lamentable del asunto es que la amplia mayoría de la sociedad se ha quedado con un estereotipo muy limitado y sesgado del movimiento. Lo que muchos no tienen en cuenta es que las letras de bandas como Eskorbuto o La Polla Records siguen estando en las portadas de los medios de comunicación y en los temas de conversación de la gente. Han envejecido y no por ello han perdido protagonismo. Y ahora, casi cuarenta años después, parece que su obra se comienza a analizar con otros ojos.

Influencia y repercusión mediática

Los punkis vascos importaron desde Gran Bretaña y Estados Unidos los sonidos distorsionados que arrasaban entre la juventud mundial. Esos que con un simple acorde te muestran la importancia que puede llegar a tener una banda de música para un adolescente de Londres, Nueva York o, por qué no, Irun.Los medios de comunicación estatales pasaron olímpicamente de la interesante nueva ola que se estaba gestando en Euskadi. Mientras el foco mediático lo ocupaba la colorida movida madrileña, con sus Alaska y Pegamoides, Aviador Dro, Gabinete Caligari o Radio Futura; Eskorbuto, Rip o La Polla, pasaron desapercibidos. Eso no quiere decir que no tuvieran fans. Muchos seguidores del punk británico y norteamericano encontraron el reflejo perfecto en el RRV. Eran crudos, directos, insurgentes y contestatarios.

Limitaciones virtuosas y actitud

Hace unas semanas, uno de los supervivientes de aquellos años, Arturo Ibáñez de Nuevo Catecismo Católico, me comentaba que en la actualidad los grupos de música tocan mejor que antes, tienen mayor acceso a material y pueden difundir su música por las redes sociales y, de este modo, llegar a cualquier parte del mundo. Pero, echaba en falta la actitud que las bandas del RRV tenían sobre el escenario. Fuerza, energía, pasión e identidad. “Lo peor que te puede pasar encima de las tablas es que tu concierto pase desapercibido, sin pena ni gloria, y hoy en día es algo que te encuentras en muchos conciertos”, comentaba. No hay que tirarse desde 10 metros de altura para ganarse la atención de los espectadores, pero no se puede negar que como dice Gorka Urbizu, “la pasión es el mínimo exigible”.

Hablando del público, ¡cómo ha cambiado la escena! Una de las grandes virtudes que se puede vincular con el RRV fue la capacidad que tuvieron de movilizar a los seguidores. No digo que metieran miles de personas en un recinto, que ya pasó. A lo que me refiero es que, tal y como se comenta en el libro Rock y Violencia, “los jóvenes se recorrían los pueblos de Euskadi para presenciar los conciertos de sus bandas favoritas. Crearon una escena que ayudó a gestar gaztetxes, promotoras y sellos discográficos y apoyaron la cultura local”.

Volviendo a 2019, ¿observan que esto sucede en la actualidad? Mucha gente de mi generación sale con el objetivo de dejar constancia de su farra en las stories de su Instagram. Es otra opción, totalmente respetable. Aunque he observado que han dejado de defender lo local (me refiero a bandas y artistas locales), para rendirse a lo global. “El pasado ha pasado y por él nada hay que hacer, el presente es un fracaso y el futuro no se ve”, Josu Exposito, cantante y guitarrista de Eskorbuto, lo tenía claro.