Ahora que estamos en temporada alta, surge esa temida expresión: «la invitada perfecta». No soy muy amiga de la perfección, tampoco creo que exista, es más, soy defensora de esas imperfecciones que hacen a las personas únicas. 

Para esos eventos no intentes ser quien no eres, busca una versión más sofisticada de tí misma,  atrévete a probar, pero no te disfraces. No depende de cómo te vean los demás, sino de cómo te sientas tú.

Elige un protagonista para tu look y haz que todo fluya en torno a él. Pero no te olvides de que la verdadera protagonista eres tú, ya que debes sentirte bien con lo que vistas. 

Olvídate de combinar todo en exceso, a veces un contraste, una textura, un estampado diferente en bolso y zapatos puede ser un acierto triunfal. Si apuestas por más de dos colores, intenta jugar con neutros o metalizados para no recargar el estilismo.

Procura aparentar tu edad, ni más ni menos. Para ello, es esencial un maquillaje natural; el exceso de maquillaje es un fallo muy habitual, los iluminadores cegadores, las sombras demasiado intensas y metalizadas… Evítalos, sobre todo, si el evento es de día.

Di sí a los peinados sencillos, de esos que parecen que te los hayas hecho tú misma; aunque lo más conveniente, casi siempre, es acudir a un profesional; lo más sencillo a la vista puede ser lo más difícil de conseguir.

Recuerda que los tacones coherentes que estilizan tu figura (y ttu postura), sin sacrificar la comodidad, serán tu mejor aliado para sentirte cómoda de principio a fin del evento.

Los tocados son un complemento que marcan la diferencia, siempre y cuando el look (o la etiqueta) los requiera. Deben de ir en armonía con el estilismo (tamaño, color y proporción) y con la hora del día. Los tocados se llevan con actitud y seguridad, o no se llevan.

Nunca olvides que la elegancia no es lo que llevas puesto, sino cómo lo llevas y cómo lo defiendes. Acompaña tu look de boda con actitud y tu mejor sonrisa. Y disfruta del día, en realidad esa es la única clave para ser la «invitada perfecta».