Contaba un nonagenario vecino,  que cuando llegó el ilustre Pérez Moso al pueblo salió a un balcón y delante de los  lugareños, que se hallaban concentrados  en la plaza, comenzó su discurso diciendo: “He venido con premura…”. Entonces, un grupo de paisanos comenzó a vociferar  “¡que salga Premura!, ¡que salga Premura!…”

Con premura llego yo a este folio en blanco.

Escribió Federico García Lorca: “En este momento dramático del mundo debemos meternos en el fango hasta la cintura, para ayudar a los que buscan azucenas…”  Él se refería a los más vulnerables, a las personas sensibles que aspiraban a un mundo “violeta”, en medio de los  horrores de la guerra.

“Redada de violetas” es el título de un interesante libro de Arturo Arnalte, que aborda la represión de los homosexuales en el franquismo. Reclusión en cárceles especializadas (5000 personas fueron encarcelados-as, sólo 116 han sido indemnizadas), palizas, experimentos psiquiátricos o colonias penitenciarias como las que “capitaneó” cierto sacerdote en Fuerteventura, que se escudaba en el texto bíblico del Génesis 19, en el que se habla de los “sodomitas”.

Sin embargo, el capítulo más terrible del mundo “violeta” lo descubrí mucho antes de la lectura de este libro.

Estando viviendo en Italia pregunté  por qué se denominaba “finocchio”, es decir  “hinojo”, a los homosexuales. Me contestaron que durante la Inquisición , se envolvía a los sentenciados gays en hinojos para prolongar su agonía en la hoguera, pues esta planta silvestre arde lentamente (¡ se puede, en nombre de Dios, proceder con mayor sadismo..! ).

No quiero continuar este relato espeluznante, que nos retrotrae a lo más cruel de la condición humana, porque hoy podemos poner un broche de oro a las fiestas del Orgullo Gay. Afortunadamente el “apartheid” político no nos ha llevado este año a la Casa de Campo y el Colectivo LGTBI+ ha seguido ampliando sus filas… Entre lesbianas, homosexuales, transexuales (no binarios, de género fruido), intersexuales, “queers”, pansexuales, bisexuales, intersexuales, se han enterrado para siempre a los “invertidos”, “los-as de la acera de enfrente”, “depravados”, ”los de la cáscara amarga”, ”maricas”, “sarasas”, “camioneras” , “marimachos”, “sodomitas”, “tortilleras” y “afeminados”… Nunca volverán, aunque lo deseen las personas que todavía siguen esperando que salga Premura al balcón…

No puedo terminar esta reflexión sin mencionar la terrible “homofobia de estado”, que se aplica todavía en numerosos países y que nos lleva a no bajar la guardia, porque como dice mi nonagenaria madre: “Hasta que no pasa el último fraile, no termina la procesión…” En fin.