Desde los Ramones hasta Patti Smith, el punk-rock sirvió para cuestionar roles de género y visibilizar a la comunidad LGTBI

Verano del 73, Nueva York. John Vicious, el protagonista de esta historia, comienza a visitar el Mercer Arts Center (local y residencia de los New York Dolls), frecuentado por el tipo de personas que aparecen en la canción Walk on the wild side. Del Center le interesa especialmente un individuo al que llaman Trueno, además de la música, la estética, y la libertad con la que la gente se relaciona.

Lo primero que ve al entrar al local es un chico maquillado. Parece ser su hombre. Se trata de Johnny Thunders (guitarrista y compositor de los New York Dolls y Johnny Thunders and The Heartbreakers) y le comenta que van a dar un concierto en 15 minutos, pero que necesita heroína para “disfrutar del show” y se escapa entre los yonquis, transexuales y homosexuales del local. Nada más comenzar el concierto, Vicious siente que lo que está escuchando es crudo, directo y sencillo. Como una bofetada. En lo musical, tiene cierto parecido con los Ramones aunque en la estética no, para nada. Parecía que el rock, con sus laureadas estrellas y sus solos de 20 minutos se había alejado de la gente. Sin embargo, canciones como Personal crisis o Subway train, le mueven el estómago y le hablan sobre los problemas a los que se enfrenta día a día. Por una vez en su vida siente que puede comportarse como quiere.

Tras las continuas visitas al Center, el joven Vicious se percata de que es bisexual. Se siente atraído físicamente por Thunders, aunque también le gustan las chicas. Hasta hace poco tiempo lo ha mantenido oculto, pero cuando Bowie declara que es bisexual, de pronto lo ve claro. No debemos olvidar que la sociedad americana de la época no aceptaba las relaciones del mismo sexo, ni la bisexualidad, y que bandas como los New York Dolls, Blondie o Patti Smith fueron piezas clave en la liberación de muchísima gente.

Para Vicious ha sido todo un trauma contar a sus padres que es bisexual. Cuando éstos lo han sabido, le han obligado a someterse a terapias de electroshock ya que creen que su hijo “está enfermo”. Se lo ha contado a sus amigos y estos le han comentado que es normal, que sus padres lo quieren y por ello lo han sometido a estas brutales prácticas.

Abril del 74. Tras encontrarlo en el mítico CBGB vestido de mujer con una sonrisa en la boca viendo a Los Ramones, Vicious se da cuenta que las piezas encajan y que está en el lugar idóneo. Por segunda vez en su vida siente que puede comportarse como quiere.

Después de conocer la escena de locales underground centrados en el punk y en la liberación sexual, Vicious comienza a salir con un chico llamado Bob. Se han conocido en los muelles de Chelsea. En ellos han vivido (al igual que otros compañeros) algunos de los momentos más salvajes de sus vidas.

Mayo del 81. Todo ha cambiado. De pronto, los adolescentes que hacia unos pocos años irradiaban juventud, libertad e independencia no parecen los mismos; ahora son esqueletos andantes, llenos de heridas en los brazos y nadie, bajo ningún concepto, quiere acercarse a ellos. Lamentablemente, Vicious es uno de estos jóvenes. Ha perdido la fuerza y rabia punk de antaño, se odia a sí mismo y detesta mirarse en el espejo. De hecho, la última imagen de Vicious en ese mismo espejo refleja un viaje mortal que le ha llevado demasiado lejos.

Esta historia podría ser real, salvo por un detalle: John Vicious nunca existió.