Desde Ziggy Stardust hasta Alladin Sane, el londinense se pasó todas las pantallas de la música

Hay vidas que merecen la pena ser vividas, otras se convierten en una sucesión de acontecimientos donde el ser humano hace lo “justo y necesario” por vivir. Los días se suceden sin pena ni gloria.

Aunque, en ocasiones, la gloria se asoma por la ventana y nos dice que “podemos ser héroes por un día”.

Ya sabéis de quién hablo, ¿no? Os doy una pista. Hasta que no se tomaba su primer café por las mañanas “no era persona”. Pero, joder, incluso sin tomarse ese café, la vida del hombre que parecía venir de otro planeta mereció la pena ser vivida. ¿Por dónde empezar? ¿Qué contar, si hay cientos de personas que han relatado el nacimiento, la música y la muerte de David Bowie?

Empecemos por lo visual. Hace tiempo, un amigo me contó que el duque blanco era extraterrestre porque tenía un ojo de cristal que le daba poder. A mí me fascinaba aquella idea, ya que alimentaba el aura de personaje místico y misterioso que ya de por sí le atribuía a Bowie, pero era mentira. Qué pena. La realidad es que cuando David era niño un compañero de clase le propinó un puñetazo que le dejó marcado de por vida, con la pupila de uno de sus ojos dilatada para siempre.

El cerebro humano reacciona inmediatamente ante lo visual y la estrella pop no dejó indiferente a nadie. Suya es esta frase: “Has tenido a tu madre en un torbellino, no está segura de si eres un chico o una chica». Andrógino e icónico, rápidamente se convirtió en un mito y en un modelo a seguir para una generación que tuvo que padecer électroshocks por su condición sexual.

El mítico Ziggy y el rayo de Alladin Sane

Bowie fue muchas personas. Pero seguramente el alter ego más conocido por todos fue Ziggy Stardust, protagonista del genial disco The Rise and Fall of Ziggy Stardust and The Spiders from Mars (1972). Un marciano que era la manifestación terrenal de un alien con una misión en la Tierra: transmitir la esperanza. Trajes alienígenas, maquillaje y brillos para cantar canciones como Five years o Moonage Daydream. ¿Os imagináis esto hace 40 y tantos años? Sucedió. Es verdad. A no ser que el londinense fuera un marciano real y los monos con print psicodélicos y futuristas fueran un espejismo temporal. Aunque no lo creo…

Pero todo tiene un final y Ziggy Stardust fue asesinado para renacer bajo el nombre y apariencia de Aladdin Sane. El nombre proviene de un juego de palabras con el inglés de A lad insane Un chico loco. Según Bowie, esta época suponía el viaje de Ziggy a Estados Unidos y a ella pertenece una portada de leyenda: la del rayo que divide su cara que representa la dualidad de la mente o la esquizofrenia que le obsesionó durante mucho tiempo.

Cada mutación de Bowie estuvo influida por su novia desde finales de los 60 y madre de su hijo, Angie Barnett. Precisamente, Barnett fue una de las que le animó a efectuar una de sus más míticas mutaciones, la del Duque Blanco. Este apodo lo adoptó en la época de Station to Station (1976). Su nuevo personaje vestía elegante, con reminiscencias del cabaret alemán de los años 30. Por aquella época, estaba también inmerso en la cultura alemana y fascinado con el mundo de lo paranormal y la parafernalia del Tercer Reich. Incluso fue famoso un saludo que hizo a lo nazi/romano.

Hemos comprobado que la imagen del londinense fue mutándose desde el comienzo de su carrera. Pero, ¿por qué tanto cambio? Lo hacía para intentar evolucionar, para no encasillarse, no defraudar y convertirse en la mejor versión de sí mismo. No sé si consiguió ser su mejor versión, lo que sí se puede afirmar es que tras su muerte su música, su legado y su recorrido siguen muy vivos y el mundo sigue necesitando a Bowie. Que tu viaje espacial no pare, David.