El color rojo se asocia al calor, la pasión y la energía. Tres características que definen perfectamente a la actriz Esther Esparza, quien “huye del negro como de la peste”. Ella es actriz, locutora de radio y televisión, profesora de técnicas de comunicación para hablar en público en la Escuela Diplomática de Madrid y en el Centro de Estudios Nazaret de Donostia.

Entrevista a la actriz Esther Esparza

Muy conocida por su faceta como tertualiana en EITB, donde participó durante años en varios programas, actualmente vive a caballo entre Donostia, Tafalla y Madrid. Forma parte de la serie La que se avecina y está a punto de presentar un nuevo monólogo, En mi hambre mando yo, donde, bajo la dirección de Marian Fernández, da un repaso a su amplísima trayectoria profesional. Además, imparte en Nazaret el exitoso taller El arte de hablar en público donde ayuda a bajar los niveles de estrés al tiempo que asegura la diversión de sus participantes. Financiado por Hobetuz, el curso es gratuito y en marzo comenzará una nueva edición.

¿Qué aporta ‘El arte de hablar en público’?

Lo primero: entretenimiento. El primer propósito de la comunicación es entretener, y después informar, convencer y, finalmente, invitar a la acción. Mi objetivo es aportar a las personas seguridad, confianza, bajar los niveles de autoexigencia, eliminar la autocrítica, aceptar que no podemos gustar a todo el mundo. Trabajo en departamentos de igualdad con mujeres porque mi objetivo es impulsar a las personas a que tiren hacia adelante. Trabajamos la imagen personal, grabamos videocurrículum, vemos la psicología del color, etc.

¿Qué hacer ante los errores?

Hay que dejar a un lado los pensamientos perturbadores, que te minan. Debemos aceptar nuestra fragilidad y seguir hacia adelante. Cuando dejamos de ponernos palos en las ruedas, todo marcha mucho mejor. Si hay algo que intento transmitir es, precisamente, ganas de vivir e ilusión.

¿Pero cómo eliminar el estrés y la ansiedad?

Mediante el mindfulness, que practico diariamente para bajar los niveles de estrés y también en mis clases. Además, trato de nutrirme de la gente que me rodea como mi madre, una cinéfila empedernida. Mi casa es música y es cine.

Dicen tus alumnos que nunca se aburren. ¿Cómo lo consigues?

Clase divertida nunca se olvida. Siempre voy a mis clases cargada con mil cachivaches. Hago trucos de magia, utilizo pañuelos de colores, una claqueta de cine, cuencos tibetanos… Otro de los recursos que utilizo es la poesía. Dirigí durante varios años un programa de radio en la Cadena Ser llamado el Rincón de la poesía del que fue madrina la propia Gloria Fuertes.

El lenguaje no verbal es importantísimo.

Sonreír, no cruzar los brazos ni los pies, no tocarte la boca, no apuntar con el dedo, etc. Mi trabajo consiste en preparar a las personas para proyectarse en medios de comunicación y en su vida diaria.

¿Quiénes recurren a tus clases?

He dado clases de comunicación a todo tipo de personas: estudiantes, diplomáticos, mujeres emprendedoras, desempleados hasta presos de la cárcel de Martutene, a quienes enseñaba a hablar delante del juez.

“En mis clases hago trucos de magia, utilizo pañuelos de colores, una claqueta de cine, cuencos tibetanos…”

¿Qué proyectos tienes entre manos?

Acabamos de crear la Asociación Basterra, para apoyar y promocionar actividades artísticas y culturales. También estoy ultimando el monólogo En mi hambre mando yo, un repaso a toda mi trayectoria en medios de comunicación, sobre mi pasión por el mimo, mi relación de amistad con Gloria Fuertes, mi paso por televisión en momentos que fueron realmente complicados, etc. El nombre es un canto a la libertad de elección. He dicho que no a muchísimas cuestiones, entre otras, a cambiarme el pelo de color.

Siempre insistes en la importancia de diferenciarnos, de alejarnos del gris. ¿Te cambiarías el color de pelo si te lo exigieran para un trabajo?

No me vendo a cualquier precio, elijo lo que me interesa. No obstante, si el proyecto merece la pena, por supuesto que me corto el pelo y lo que haga falta. Entiendo que el negro estiliza, pero el color es importantísimo.

Has trabajado muchos años como tertuliana en ETB. ¿Qué opinas de los debates en televisión?

Participar en este tipo de programas hace que generes filias y fobias, pero tengo que decir que me siento muy querida porque aquí hay muchas personas progresistas. Es cierto que no he dejado indiferente a nadie, pero me han apoyado muchísimo. Es un trabajo muy exigente, porque muchas veces no es lo que tú digas, sino lo que tienes que decir. No ser políticamente correcta, se paga; quien se mueve, no sale en la foto.

A pesar de no ser políticamente correcta, ¿cómo has conseguido mantenerte ahí?

La clave es partir de la honestidad. Me han ofrecido muchas veces pertenecer a determinados partidos políticos, lo cual me hubiera sido muy rentable, pero he preferido mantenerme fiel a mis principios y mi ideología. Es una cuestión de coherencia y de dignificar nuestro oficio. Llevo tiempo fuera de los debates de televisión y me encantaría volver a la tele a hacer algo con credibilidad, argumentación y emoción. Como decía Ana María Matute: “¡Es tan fácil criticar, y tan difícil hacer una caseta para el perro!

En estos momentos formas parte de ‘La que se avecina’. ¿Cómo está siendo la experiencia?

Estoy encantada de haber compartido espacio de trabajo con grandes cómicos y actores. Son personas con muchísimo talento y para mí estar junto a ellos es muy enriquecedor. A veces me siento casi una espectadora, como si estuviera viendo una película.