Llega Halloween y con ello los asesinos en serie, los monstruos, los zombies y los encantamientos invaden los largometrajes en busca de una víctima que si no tienes cuidado, quizás seas tú.

  1. Si te persigue un hombre con un objeto puntiagudo. Es bien sabido que todo buen asesino psicópata que se precie persigue durante un rato a su víctima con su arma alzada antes de matarla. Un cuchillo (Scream), un hacha (Viernes 13), un garfio (Sé lo que hicisteis el último verano) y hasta una motosierra (La matanza de Texas), todo vale para alcanzar a su ingenua presa que, obvio, se tropezará con una rama cuando estaba a punto de escapar.
  2. Si a medianoche se va la luz y hay tormenta. Es medianoche y estás disfrutando de una estupenda película en la televisión (probablemente en blanco y negro) cuando ¡tachán! se va la luz. ¡Qué no cunda el pánico! Comprueba que te ha cobrado Iberdrola bien la última factura y listo, a no ser claro que en ese preciso momento un relámpago alumbre tu casa. Entonces, lo siento, pero es muy probable que un invitado indeseable ande por ahí.
  3. Si tu hijo pequeño llega a casa con un muñeco “rarito”. Puede tener un aspecto adorable (Gremlins) o desde un comienzo dar mal rollo (Chucky); lo que está claro es que si tu hijo pequeño (siempre es el pequeño) llega a casa con un nuevo muñeco que dice que le han regalado en una extraña tienda, lo mejor es que no le dejes entrar. Si por el contrario se trata de una muñeca (Annabelle), directamente huye con tus bienes más preciados.
  4. Si vives cerca de un edificio abandonado. Compraste esa casa como un buen chollo económico solo porque nadie quería vivir cerca de una mansión con mal aspecto (It), un hotel vacío (El resplandor) o un cementerio muy antiguo (Poltergeist) y ahora no paran de moverse objetos solo porque sí o de salir extrañas frases al revés en la pared. La próxima vez sé más precavido, ¡los espíritus nunca van a las nuevas urbanizaciones!
  5. Si no has adaptado tu buhardilla o sótano a las bombillas LED. Tu intención era buena: fuiste a la ferretería y compraste el último modelo de bombilla inteligente, pero con el paso del tiempo acabó quedándose en ese cajón lleno de trastos mientras continuabas yendo a la buhardilla o al sótano con ese alumbrado de hace décadas. ¡Cómo vas a echar en falta la nueva bombilla cuando un golpe de viento te deje a oscuras encerrado allí y con una inquietante presencia en las sombras!