“Querida #Infertilpandy: mi niña nació el 28 de agosto y falleció anoche con tan solo 4 días”. @DoñaAbortos, una twitera a la que sigo desde hace tiempo, publicaba este demoledor mensaje y ya no pude dejar de pensar en ella en todo el día. No la conozco personalmente pero puedo atisbar su dolor. Solo las personas que hemos pasado por una pérdida gestacional sabemos qué se siente cuando no puedes abrazar a tu bebé soñado. En mi caso, sucedió a las 21 semanas, y seis años y millones de muxus de mis niñas después, la pena sigue ahí, agazapada. Quizá la única manera para exorcizarla sea hablar de ello.

Presentaba hace poco la ilustradora Paula Bonet Roedores. Cuerpo de embarazada sin embrión (Literatura Random House). Su último trabajo es quizá el más especial de los que ha creado hasta el momento. Se trata de un animalario que pintó para una hija que no nació. Un desplegable precioso que llega con la misión de acabar con el tabú del aborto.

“El primer aborto fue muy muy doloroso, físicamente y emocionalmente, pero sobretodo porque no se me permitió vivir el dolor, porque me sentía culpable, porque no tenía ninguna referencia sobre ello. En el segundo, ya sabía que podía pasar y lo viví de una manera mucho más sana. Me prometí esta vez sí hacer un duelo y nombrarlo”.

Cuenta que no tenía intención de hacer pública su obra, hasta que publicó en Instagram (de nuevo, las redes sociales) un selfie bajo el título Autorretrato en ascensor con embrión con corazón parado. Tal fue la cantidad de mensajes que recibió de mujeres que habían pasado por lo mismo, que constató la necesidad que tiene nuestra sociedad de encarar este tema.

“Cuando se trata de nuestros cuerpos todo son tabús. No tenemos por qué hablar bajito y ocultarnos información, tenemos que saber a qué nos enfrentamos para poder estar preparadas. Hablemos de estas cosas, empecemos a normalizarlas”, ha afirmado la autora.

Paula Bonet pretende sacar la pérdida gestacional de las tinieblas y compartir miedos y esperanzas. Y nosotras iremos con ella de la mano. Sororidad ¡Cómo me gusta esa palabra!