Acaba de celebrarse en Los Ángeles el E3 2018, el mayor evento de videojuegos del año.

Aunque tengo la sensación de que el E3 no es muy conocido para el público general, dentro de la industria de los videojuegos es el gran evento anual desde 1995. Desde las semanas previas, en las que se van dando pistas de lo que contendrá el evento, hasta los días posteriores, en los que se publican los resúmenes de las conferencias y las reacciones de los críticos a los nuevos títulos anunciados, los que estamos un poco atentos a lo que pasa en el sector tenemos el lujo de poder atracarnos a información.

Todos los años los fans hacen apuestas sobre cuál será la empresa que hará la mejor conferencia o la que contará con mejores títulos, pero la verdad es que en el E3 no hay vencedores ni vencidos, todo el mundo gana. De hecho, perder es no estar, no aprovechar semejante escaparate de talla mundial sería un desastre para cualquier desarrolladora, por lo que no hay ninguna gran compañía que no acuda a la cita.

A modo de breve repaso, las principales novedades: Call of Duty: Black Ops 4, Fallout 76, Devil May Cry 5, Battlefield V, Assassin`s Creed: Odyssey, The Last of Us: Part II, Pokémon Let’s Go, Pikachu! y Let’s Go, Eevee! y Kingdom Hearts III. En efecto, son todo secuelas.

La verdad es que he sido un pelín tramposo y no he mencionado otros títulos que no son continuaciones de ninguna saga como Cyberpunk 2077, Ghost of Tsushima, Death Stranding o Sekiro: Shadows Die Twice, pero realmente siento que son minoría. Por ejemplo, Nintendo ha presentado diez nuevos juegos este E3, de los cuales solamente dos no pertenecen a una saga. No quiero insinuar con esto que las secuelas sean malas, o que no se pueda innovar dentro de una saga. La mayoría de los anuncios me han gustado y reconozco que me ha encantado saber que Bethesda está trabajando en la sexta entrega de The Elder Scrolls. Pero, por otro lado, también creo que las empresas se están volviendo cada vez más conservadoras y que la proliferación tan extrema de secuelas responde a la necesidad de seguridad de las compañías. Parece que si algo ya ha triunfado, una segunda parte es un éxito casi seguro. Y así no vamos a ninguna parte.

En definitiva, lo que me preocupa no es que haya demasiadas secuelas, sino que se sacrifique el espacio de las nuevas ideas para asegurar el éxito. Por favor, ¡arriesgad!