Gorka Otxoa nos lo cuenta (casi) todo: desde sus inicios en Goenkale, que define como “una escuela brutal”, hasta su participación en Vaya Semanita, de la cual opina que visto el panorama actual “hoy tendría problemas legales”, pasando por la nueva serie de televisión que está grabando en la que interpreta a un cirujano de élite, o la obra de teatro que le traerá a Donostia en agosto. “Que siga sonando el teléfono” es su mayor ambición en estos momentos, porque trabajar es ante todo su pasión.

¿Qué queda de aquel Gorka que estudiaba en la ikastola?

Queda casi todo, soy el mismo, solo que con alguna cana en la barba. Pero no me quejo, me conservo mejor que algunos de mis colegas (risas).

¿De dónde le vino la vocación de actor?

En cuanto entré al instituto, me apunté inmediatamente al grupo de teatro porque era algo me gustaba mucho, aunque no me planteaba en absoluto dedicarme a eso. Empezó Goenkale y la profesora, que me animaba mucho,  me apuntó al casting. Fuimos unas 3000 personas a una especie de macro casting, cuyo objetivo era crear una bolsa de actores. Al año siguiente, con 17 años, me llamaron para trabajar en la serie Gure familia eta beste piztia batzuk, de EITB, un médico de familia a la vasca, en donde participé en un par de capítulos.

Entonces estaba a punto de cumplir 18 años, y en lugar de Arte Dramático, decidió estudiar Psicologia.

Fue una cosa de último momento, no lo tenía claro, aunque no me arrepiento. Por las mañanas iba a la universidad y, por las tardes, a la escuela de teatro. Ese mismo año, nada más empezar el curso, me llamaron de Goenkale. Aquello sí que fue una escuela brutal donde aprendí muchísimo, era una serie diaria y siendo tan joven, absorbía todo como una esponja.

Tengo entendido que el interés por la psicología le viene de familia.

Mi ama y mis hermanos son psicólogos, pero siempre me han apoyado mucho en mi faceta como actor. La ama siempre nos dijo que hiciéramos lo que quisiéramos. De hecho, a mí me apasionan las dos, y de hecho, diría que los estudios de psicología me han ayudado mucho como actor. Cuando estaba en la universidad participé en varios talleres en los que muchos ejercicios eran muy similares a los que se trabajan en las escuelas de teatro. Consisten en aprender a quitarse la careta, mejoran el autonoconocimiento, lo cual es muy importante a la hora de actuar desde diferentes perspectivas, y no desde cada uno, sin proyectar ni transferir.

“Goenkale fue una escuela brutal donde aprendí muchísimo; era una serie diaria y siendo tan joven, absorbía todo como una esponja”

¿Qué es lo que más detesta del hecho de ser famoso?

Ser conocido es un peaje. A mí me gusta tener mi intimidad, me encanta viajar y desconectar, porque me siento más libre cuando no me reconocen. De todas maneras, normalmente puedo andar tranquilamente por la calle, salvo por las noches, que la gente está, digamos, más desinhibida. Ahora, con el uso de los móviles, los actores estamos más expuestos, y ésa es la parte que menos me gusta, de todas formas, nunca he tenido ningún problema con nadie, y el hecho de que la gente se me acerque es señal de que estoy trabajando y, además, si te dicen cosas bonitas sobre tu trabajo, es muy gratificante.

Lo cierto es que ha sabido guardar muy bien su parcela de intimidad.

Para mí es muy importante dejar a un lado mi vida privada, aunque a veces no pueda evitarlo y en Twitter diga lo que pienso. La gente nos reconoce por la calle, pero el nuestro no deja de ser un trabajo como cualquier otro, con sus días malos o sus madrugones.

 

 

Como actor ha hecho de todo. ¿Con qué sueña Gorka Otxoa?

No tengo grandes ambiciones en lo profesional. Soy más de vivir el presente y de que las cosas fluyan, lo que tenga que llegar, llegará. Lo importante para mí es poder seguir trabajando en esto, porque más que un trabajo es mi pasión, la que además me da de comer. Lo que quiero es seguir trabajando, y hacerlo con gente interesante, contando cosas bonitas. Esa es mi ambición. Quiero que siga sonando el teléfono, como decía Fernando Fernán Gómez, quien con 85 años seguía esperando a que le llamaran.

Ha hecho cine, televisión y teatro. ¿Con cuál se queda?

Me gustan las tres, todas son interesantes. Lo mejor es compaginarlas, cosa que afortunadamente tengo la suerte de hacer. Más que el medio, lo que me gustan son los personajes y hacer reír, llorar, o emocionarse al público. Me gusta la función social del oficio.

“Vaya Semanita le gustaba a todo el mundo, desde Otegi hasta la gente del PP, y eso era un milagro en Euskadi”

Cuando habla de función social, no puedo evitar recordar Vaya Semanita, un programa que fue todo un fenómeno sociológico.

Vaya Semanita sirvió para desdramatizar y aflojar todas las tensiones que se vivían en ese momento. Nos permitió reírnos de nosotros mismos, que no lo habíamos hecho hasta ese momento. Los guionistas repartían a todo el mundo, sin posicionarse, tenían un gran mérito en ese sentido porque le gustaba a todo el mundo, desde Otegi hasta la gente del PP, y eso era un milagro en Euskadi. Esa misma gente a la que entonces le encantaba el programa, seguramente ahora lo criticaría, lo cual es bastante loco. Yo me siento muy afortunado de haber formado parte de Vaya Semanita y, desde la humildad más absoluta, te diría que aportó un granito de arena a este proceso.

¿Hoy en día qué parodiaría Vaya semanita?

Pues no lo sé, lo que sí sé es que más de un guionista podría estar en la cárcel o recibiendo amenazas en Twitter. Vamos a peor y no entiendo muy bien por qué. Hemos retrocedido décadas en lo que respecta al ejercicio de la libertad de expresión, recordando tiempos pasados muy oscuros. La parodia no se entiende, todo se malinterpreta y la gente se lo toma todo a pecho. Twitter ha tenido mucho que ver, porque es un lugar donde ejerce la libertad, pero también la censura. Ahora Vaya Semanita tendría problemas legales, y eso me parece dramático.

¿En qué proyecto anda embarcado en estos momentos?

Ahora mismo acabo de presenciar una operación real en directo. Estoy preparando un nuevo papel en el que interpreto a un cirujano pediátrico. Se trata una nueva serie española para TVE en la que en cada capítulo hay un caso médico importante, además de las historias paralelas de los médicos.

¡Cómo nos gustan las historias de médicos!

Ahora en Estados Unidos hay un montón de series de este tipo y me las estoy viendo todas para preparar mi papel. En Allí abajo me tocó interpretar a un ginecólogo y desde entonces no me he quitado la bata. Esta nueva serie tiene comedia, drama, pero es bastante realista. Tiene una mezcla muy interesante.

A Gorka Otxoa lo relacionamos con comedia, aunque en Fe de etarras logran hacer reír desde la seriedad más absoluta.

Es que Fe de Etarras no tenía nada de comedia, era más bien un drama. Borja (Cobeaga) lo quería todo muy plano, muy seco, nos decía: “Quiero el secarral”. Quería que fuera muy de verdad, transmitir esa espera en ese piso franco, en el que parece que no pasa nada. Para ello nos documentamos mucho sobre la clandestinidad.

Hablando de cine. ¿Diría que tras el éxito de Handia, el cine vasco está en auge?

Últimamente se está produciendo más, aunque sigue sin existir una industria cinematográfica vasca como tal, si alguna vez la hubo. Muchos actores, como yo, tienen que ir a Madrid a buscarse la vida, porque aquí no hay trabajo. El éxito de Handia es muy importante para todos nosotros, muy beneficioso, pero echo en falta más apoyo institucional, leyes de mecenazgo, etc.

“Le llaman crisis económica y en realidad es una estafa en toda regla, porque a los ricos les ha salido muy bien la jugada”

En Twitter no deja títere con cabeza.

No te creas, me contengo bastante, si dijera todo lo que pienso estaría en el trullo (risas). Me enfadan muchas cosas relacionadas con la política y lo social: el sistema judicial, la enseñanza, el IBEX,la corrupción, que unos pocos cada vez sean más ricos, y la clase media-baja cada vez más castigada con unmos sueldos que siquiera son mileuristas, el saqueo producido por el bipartidismo, que no haya dinero para pensiones ni para ayudas sociales.

Tenga cuidado, que se calienta….

Es que me parece una tomadura de pelo. Le llaman crisis económica y, en realidad, es una estafa en toda regla, porque a los ricos les ha salido muy bien la jugada.

Vivió el 15 M con mucha ilusión. ¿Qué queda de aquello?

Fue un despertar motivado por el hartazgo. Gritábamos “no hay pan para tanto chorizo” porque nos sentíamos engañados. Era increíble ser testigo de aquello, de cómo se organizaba la gente en turnos para comer o limpiar, era todo improvisado. Aquello fue el inicio de algo: para empezar, ha desaparecido el bipartidismo.

Hablemos de sus aficiones. ¿Qué le gusta hacer en su tiempo libre?

Lo que más me gusta es viajar. El año pasado estuve rodando una peli en México: El ascensor, una comedia romántica de ciencia ficción que transcurre en un ascensor. Con lo que me gusta viajar y currar, fue una experiencia muy chula. Y ya que estaba allí, decidí emprender mi primer viaje en solitario. Fue tan bien que en diciembre repetí y me fui solo a Perú, lo que resultó un viajazo. Ha sido un descubrimiento, de escucharme a mí mismo, y pararme. Hice el camino Inca que fue un poco duro por la lluvia y el aclimatamiento, pero resultó una experiencia vital y diría que hasta espiritual muy potente.

He leído que le gusta jugar al póker. ¿No le parece que juega con ventaja?

Hay jugadores que sin ser actores te la cuelan muy bien (risas). De vez en cuando meto alguna trollilla, porque me gusta jugar a engañar.

¿Tiene previsto venir próximamente a Donostia?

En agosto venimos a Donostia con nueva obra de teatro: Juntos una obra que se estrenó en Francia y ha sido un éxito. Es una historia familiar, mi personaje tiene un retraso mental, y la madre, Kiti Mánver, es absolutamente sobreprotectora y negadora de la enfermedad de su hijo, vive volcada en él. Melani Olivares interpreta a la hermana que se marcha de casa por el ambiente irrespirable que se vive allí. Es una historia bonita, divertida, tierna y dura. El director, Juan Carlos Rubio, es uno de los directores más interesantes que hay ahora en Madrid.