“Beti, beti, maite, maite, maitea…”.  Simplemente con leer estas palabras a todos nos viene la misma canción a la cabeza y con la canción, lo que representa la Real para cada uno de nosotros. ¿Qué es la Real? Probablemente cada realista tendrá una respuesta distinta a esta pregunta, pero con un denominador común: identificarse con un territorio, con unos colores y sobre todo, con una manera de ser sencilla, discreta y humilde.

Siempre he pensado que lo más bonito de la Real es la capacidad que tiene para unirnos a todos. ¿Qué evento deportivo, cultural, político… es capaz de congregar alrededor de 20.000 personas cada 15 días en un recinto durante dos horas? Un partido de fútbol. ¿Qué circunstancia puede suceder para que dos desconocidos se abracen y den saltos de alegría? Un gol. Si ese partido es de la Real y ese gol es de Xabi Prieto, la alegría, la ilusión y el sentimiento se multiplican de una forma asombrosa. Algo de magia debe de haber en ello. Qué diferente es un lunes si gana la Real. Qué bien sabe el café de ese lunes con tus compañeros y compañeras.  Esa semana todo se ve de azul y blanco.

Todos sabemos que los hijos heredan de sus padres el color de los ojos, el color de cabello, los rasgos de la cara, pero también, el sentimiento txuri urdin. Yo, como muchos, también he heredado mi pequeño corazón txuri urdin de mi padre. Desde bien pequeña me llevaba a Anoeta, ya que no tuve el privilegio de conocer Atotxa. Fue quien me compró mi primera camiseta de la Real, fue quien junto a mi hermano hizo que tuviese la suerte de poder saltar al campo y salir en la foto con mi equipo. Poco a poco fui creciendo y entendiendo mejor lo que significa ser de la Real. Como he dicho con anterioridad, la Real tiene un significado particular para cada uno; en mi caso, la respuesta está en la letra del himno: “… maite, maitea, aurrera mutilak, aurrera Gipuzkoa…”. La Real es Gipuzkoa. Y Gipuzkoa es una manera de ser, una manera de sentir, una manera de amar, y una manera de vivir.