Nintendo tiene un don a la hora de innovar y de proponer vías de entretenimiento imaginativas. Su última apuesta, LABO, consiste en la fusión de su última consola, Nintendo Switch, con una serie de piezas de cartón que de alguna manera complementan su funcionamiento.

Puede que una pantalla táctil no sea nada innovador a día de hoy, pero cuando se lanzó la Nintendo DS en 2004 me pareció algo increíble. La primera vez que pude probar una DS tenía nueve años y estaba en el Parque Infantil de Navidad de Ficoba. La organización había puesto tres o cuatro consolas de muestra y reconozco que estuve un buen rato totalmente alelado con la maquinita; nunca antes había usado una pantalla táctil. Ahora me parecería inimaginable que mi móvil no contase con ella.

No sé cómo lo hacen, pero en Nintendo siempre son capaces de encontrar maneras novedosas de hacerte jugar. La última invención de los japoneses se llama LABO y consiste en una serie de planchas de cartón que al ensamblarlas (y si se siguen correctamente las instrucciones) terminan transformándose en accesorios para su última consola, la Nintendo Switch, y permiten interactuar con ella de formas innovadoras. Por ahora han anunciado varios modelos, como una moto o una caña de pescar, con sus minijuegos correspondientes, aunque si este primer conjunto tiene éxito es posible que veamos más en el futuro.

Su fecha de lanzamiento es el 27 de abril, por lo que en el momento en el que se escriben estas líneas LABO aún no ha salido al mercado. Sin embargo, ya se me hacen evidentes varios problemas. En primer lugar, su precio es desorbitado. Unos 70 euros por seis o siete planchas de cartón, unas gomas elásticas y el cartucho del juego son algo excesivo, sobre todo teniendo en cuenta su público objetivo: los niños.

Quizá recordéis Art Attack, aquel programa infantil de manualidades. A mí me gustaba mucho de niño pero solo recuerdo haber terminado una de esas manualidades una vez con (mucha) ayuda de mi madre. Y mi sol de cartón duró menos de una semana porque, evidentemente, era bastante frágil. Algo me dice que con LABO habría pasado tres cuartos de lo mismo. Si ensamblarlos no es lo suficientemente complejo, el simple uso de los accesorios por parte de los niños terminarán por deteriorarlos con el tiempo (o tras los primeros minutos en el peor de los casos). Después de eso, no creo que ningún padre o madre tenga ganas de volver a pagar ese dinero.

Sin embargo, podría haber una alternativa. Aunque los originales se rompan, una vez se tienen las instrucciones fabricarlos de forma casera no debería ser complicado. Al fin y al cabo están hechos de cartón, con sus inconvenientes pero también con sus ventajas. De hecho, y según las palabras de la compañía, parte de la diversión de LABO debería provenir de montar los accesorios desde cero para que los más pequeños aprendan de primera mano cómo funcionan y para qué sirve cada pieza. Lo cuál no exime a Nintendo de haber establecido un precio exagerado para seis láminas de un material tan barato, sin desmerecer todo el trabajo de diseño que hay detrás.

Quizá esté hablando demasiado pronto, ya que todas las críticas que le han realizado a LABO antes de su lanzamiento han sido generalmente positivas, aunque la mayoría de ellas sean de críticos a los que la propia Nintendo ha facilitado el acceso al juego antes de tiempo. Imagino que a fechas de publicación de este artículo habrá opiniones fidedignas de usuarios finales que darán más pistas de cuáles son sus fortalezas y las debilidades. Lo que está claro es que habrá cartón, esperemos que no haya trampa.