Imagen y texto. Dos elementos que por sí solos ya son poderosos, pero que al unirlos pueden hacer que salten chispas. Todo depende de la mano que les dé vida. Y hay manos realmente mágicas.

 

Es el caso del reconocido ilustrador Iban Barrenetxea (Elgoibar, 1973), autor de auténticas obras de arte como Bombástica naturalis, El cuento del carpintero o La cata. Realizadas con la técnica de dibujo digital, en sus elegantes e inconfundibles ilustraciones cada detalle cuenta y nos da pequeñas pistas narrativas, sumándose así al texto. Le encanta jugar con los arquetipos de los cuentos tradicionales: el laborioso carpintero Firmín y el destructor Barón von Bombus, el pobre pescador Benicio y el elegante Prodigioso Náufrago, el Zorro Blanco enfrentándose con su ingenio contra la fuerza bruta del resto de personajes… No obstante, en los cuentos de Barrenetxea nada es lo que parece, y el humilde protagonista no siempre resulta impecable y virtuoso. Actualmente se encuentra ultimando la segunda parte de Brujarella, que previsiblemente podremos tener en las manos el próximo otoño. La esperamos ansiosos.

El escenario como personaje

“Para mí el escenario es un personaje más. Es como esas obras de teatro en las que los cajones están llenos de ropa y objetos que pertenecen al personaje, aunque el público jamás los vaya a ver abiertos. De alguna forma me ayudan a que los propios personajes se crean su papel”.

Los personajes

“Juego con los arquetipos del cuento tradicional intentando poner carne sobre ese esqueleto y crear personajes complejos”

El libro como objeto de valor

“En este momento en el que todo se va convirtiendo en virtual, en consumo rápido de usar y tirar, un buen libro bien editado es algo valioso a lo que agarrarse”

La belleza

“Encuentro belleza en un cuarteto de Beethoven y en una frase bien escrita, pero también en las ramas de un árbol. Es preferible pasar por la vida siendo un patito feo capaz de apreciar la belleza de las cosas, que un espectacular cisne que solo disfruta de su reflejo”

La estética del XIX

“Me encanta la época del XIX porque todo resulta elegante, desde la arquitectura y los objetos cotidianos hasta la forma de escribir una carta”

El artista

“Cuando termino una imagen no veo más que defectos, pero me consuela pensar que sinceramente es lo mejor que podía hacer en ese momento”