Como si de una leyenda se tratara, la isla de Toba ha mantenido durante años oculto el oficio de las buscadoras de perlas

 

Sirenas, mujeres del mar… Se trata de las ama japonesas, mujeres que llevan más de 2.000 años arriesgando sus vidas para recolectar perlas de abulón del fondo marino, y que dada su osadía se han convertido en un referente de la cultura japonesa.

Se sumergen durante dos minutos en las aguas más frías de Japón  en apnea, es decir, sin ayuda de oxígeno. Y para poder descender hasta la zona más profunda del mar, se dejan lastrar por piedras que les permiten llegar a los lugares más recónditos del Pacífico.

No se sabe exactamente cuándo comenzó esta tradición. Se dice que antaño, en la isla de Toba, toda mujer que deseaba casarse tenía dominar la práctica del buceo. Lo cierto es que, comprometidas o no, las futuras pescadoras de perlas comenzaban desde bien pequeñas a sumergirse en el océano e intentaban aguantar el mayor tiempo posible sin respirar. Para poder mejorar su capacidad pulmonar, arrojaban objetos al fondo marino para, después, recogerlos.

Este misterio oculto en la isla japonesa se hizo público cuando el empresario Kokichi Mikimoto fundó su empresa de perlas y se instaló en esta región. Fue entonces cuando las ama sustituyeron su atuendo compuesto por un tanga de cuerda y un cuchillo, por una tela blanca sujeta a la cintura y un gorro del mismo color.

Dicen que una de las razones principales por la cual son mujeres las que se dedican a esta tarea es que la piel femenina tiene una capa de grasa más gruesa, lo cual les permite combatir mejor el frío de las aguas heladas. Otra de las razones es que las mujeres, por su constitución, pueden nadar hasta edades más avanzadas, de hecho, hay amas de hasta 90 años que siguen ejerciendo.