No nos hemos sentado aún y ya está contándonos tantas cosas que debo buscar rápidamente la grabadora para darle cuanto antes al botón rojo y que no se pierda nada. Porque las palabras las lleva el viento, todas, menos las que pronuncia Korta.

Luchador, contundente y polémico, a sus 69 años no ha perdido ni un ápice de pasión por el remo. “Este año me encantaría remar y ayudarles a ganar”, comenta con la sombra de la frustración nublándole la voz. Mirando al mar Cantábrico, y bajo la escultura de otro grande de Orio, Oteiza, este hombre de mar desgrana los mejores y los peores momentos que acumula en su intensa vida. No en vano, cuenta con varios récords en su haber, como el de ser la persona con más banderas de la Concha (16 en total), o ser el único que ha ganado una bandera como remero y patrón al mismo tiempo. Lo que nos queda claro tras una larga charla con él es que es un hombre muy grande, de un pequeño pueblo.

Dicen que en el remo lo ha conseguido todo. Ha sido remero, patrón y también entrenador. En su Wikipedia, además, incluye un nuevo rol: showman. ¿Con cuál de todas estas facetas se queda?

Soy un hombre de mar. Nací encima del rio, me lo ha dado todo el agua, he sacado la familia adelante con el mar. En Ortzaika vivíamos mirando al río, estaba a un solo metro de mi ventana. Pasaba la vuelta al España una vez al año, y no había otra cosa que mirar. Era inevitable que me dedicara a esto. Mis abuelos, padres, tíos todos eran remeros. Solía salir a pescar quisquillas y cangrejos con mi hermana ya fallecida, y siempre me ganaba. Había angulas, cangrejos, quisquillas, lubinas. Ahora no hay nada.

Y seguro que se picaba.

¡Claro! Con una persona que no se pica no se puede ir a ningún sitio, no me fío de la gente que no lucha.

¿Recuerda la primera vez que se echó a la mar?

En mi infancia no hubo exámenes, ni notas. A los 12 años dejé el colegio y empecé a trabajar en las conserveras. Todavía estoy viendo mi primer sueldo por recoger los clavos del suelo: en un sobre azul, un billete de 100 pelas. Me sentía el tipo más rico. Con 14 años empecé en la mar. El primer barco se llamaba Reina María, construido delante de mi casa, había jugado descalzo tantas veces alrededor de aquel barco…

¿Cuándo se convierte el remo en afición?

Tenía 14 años, me había hecho una avería con un clavo en una mano, y perdí una marea. Mientras estaba esperando a que volviera el barco de bonito, probé un skif, era de mi cuñado y todos alucinados de lo rápido que iba con aquello. Había practicado con un batel que usábamos todos en Orio, se había construido para las regatas del pueblo. Lo curioso es que había estado tanto tiempo colgado que se había deformado, cogiendo la forma de un plátano. Estaba torcido, muy ancho y bajo. Volcaba todo el rato, pero cogí mucha práctica. Pescaba toda la noche, sacar el pescado, ayudar al cocinero cuando la tripulación iba a la cama, iba a Orio, comía dos latas de melocotón en almíbar y vuelta a empezar.

¿De dónde saca tanta energía?

Cuando hay ganas, la energía se saca de cualquier lado. No dormía y la tripulación me mandaba a la bodega a dormir un rato. “Txo, vete! Tienes media hora”, me decían. Antes de tumbarme ya me había quedado dormido.

Hablemos de su trayectoria en el remo. Comienza remando en el CRO Orio, en su pueblo como no podía ser de otra manera. Dijiste en una ocasión que viviendo dnd vivías no podías dedicarte a otra cosa…

Empecé con Patxi Sarasua, y trabajaba como electricista. Después fui a la mili, y al volver, me contrataron en Gurelesa. El mejor trabajo que tuve nunca, como comercial de yogures, me comía los que se caducaban y menudos empachos me cogí…

Después de cinco temporadas en Orio, ficha por el gran rival, el Lasarte-Michelín, lo cual no sentó muy bien en su pueblo.

Estuve en Orio hasta que se cansaron de mí, y me marché a Lasarte-Michelín. Estaba en el hospital, porque me había operado de amígdalas, y me enteré de que me habían echado porque me lo contó el cura cuando vino a visitarme.

¿Qué hizo para que el club le echara?

Pues era revoltoso, protestaba…. Y seguiré siendo. Si para mi es blanco, es blanco y punto. Si creo que tengo razón, nadie me va a hacer cambiar, ni todos los ejércitos del mundo. Yo siempre era el cabecilla de los que protestaban y eso no gusta.

Después de tres temporadas, en 1976 ficha por Kaiku y se convierte en el primer remero profesional.

Eso se dice, pero no es cierto. El difunto Trabuko, patrón de Orio, mi primer entrenador, Sarazua, aquéllos no iban por la estampita. Ha habido muchos antes que yo.

No negará que el remo de ahora no es como el de antes…

Eso es verdad. Ahora son selecciones. Las 12 tripulaciones de la ACT cobran, algunas más, y otras menos. Y los que dicen que no pagan, son unos mentirosos. Mentirosos con todas las letras. Hay clubes que nunca han admitido pagar a sus remeros, y fueron los primeros en traer a los extranjeros, lo cual no me parece mal. Sería bonito que todos fueran de la cantera, pero seríamos capaces de cualquier cosa con tal de tener los mejores, hasta madres de alquiler contrataríamos para asegurar una buena genética.

En 1991, casi 20 años después, vuelve a Orio, donde pasa de estar en los más bajo a lo más alto y gana su primera Bandera de la Concha como patrón. La salida también fue bastante polémica.

Irme de Zierbena a Orio fue una de las decisiones que más me ha costado tomar. Una vez allí, lo tuve todo, ganábamos, trabajaba como funcionario en el ayuntamiento, teníamos buen material. Fue una buena época. Antes de marcharme me reuní con los directivos del club. Margari, mi mujer, me acompañó a la reunión, y al salir los dos lo vimos claro: ya no hacíamos falta en el club. Ese mismo día llamé al presidente de Castro, que llevaba años detrás de mí. Cuando le dijo que me iba con ellos, pegó tal golpe en la mesa, que se lesionó.

Se especuló mucho sobre su salida del club…

No me echaron, decidí marcharme. Hubo mentiras de por medio, yo había avisado hacía tres meses de que me marchaba, pero entonces se dijo que les había abandonado, y ni me invitaron a la bendición de la bandera. Años después, en Castro pasó lo mismo, se me acabó el contrato, y vendieron que me había marchado.

De Orio a Cantabria. Fue un cambio para toda la familia…

Donde he ido yo, ha venido la familia conmigo, siempre todos juntos.

¿Qué pasó en la regata de la Concha de 2001 con aquella maniobra polémica que le dio el triunfo a Castro?

No pasó nada, ni hice nada raro. Hubo un choque entre palas, recuerdo el ruido. Lo que pasó es que Orio no supo perder. Para ellos fue complicada esa derrota, porque tenían todo preparado para celebrar la victoria. Nunca he ido más recto por mi calle. Tuvimos buena calle, no cogimos agua, y cogimos muy buenas empopas. Estaba convencido de que íbamos a ganar, pero no supe hasta el final que lo habíamos conseguido.

¿Qué fue peor para Orio: perder la bandera o que Korta ganara?

No quiero entrar en esas polémicas. Soy el único que ha ganado la bandera de la Concha como remero y patrón el mismo día, y con eso me quiero quedar.

¿Se considera afortunado?

Creo que he tenido suerte en la vida. También he trabajado, pero una mujer que ha sacado la familia adelante trabaja más. Si hubiera tenido que hacer lo que le ha tocado a mi mujer, hubiera huido a la selva.

¿Tiene nostalgia de aquellos tiempos como remero?

Para nada, ahora me dedico a la buena vida: comer y vivir bien. Margari, mi estrella, me cuida tan bien que tendría que pasar más tiempo en Patagonia para bajar algún kilo.

¿Hay algo de lo que se arrepienta?

He tenido muchos problemas por no callarme con el tema del dopaje, la familia ha llegado a pasar miedo. Pero no me arrepiento, los delitos hay que denunciarlos, eso lo tengo claro. Pero no vale para nada porque todo sigue igual. Tener la mejor tripulación y que te pasen por encima… eso da mucha rabia. Solo te digo que este año no va a ganar Kaiku. Solo el hecho de estar en la Concha sería increíble. Ganar es importante, pero sobre todo hay que trabajar. Si he llegado a algo en la vida es porque he entrenado duro. En el remo pasa como en el fútbol, la gente va con el ganador, son del Real Madrid o del Barcelona. Pues yo hago lo contrario, este año soy del Eibar porque han peleado. Cuando he vivido en Gipuzkoa he sido del Athletic, y en Bizkaia, animaba a la Real.

Algunos le llaman chaquetero.

Todavía no he conocido un deportista que sienta la camiseta. Cuando juegas lo que quieres es ganar, y punto. Ahora, también es bonito entrar en un club que lleva tiempo sin ganar nada. Soy el único que estando ganando en un equipo,me he ido a otro que estaba en tercera, como cuando marché a Orio. Si me hubiera quedado, en lugar de 16 banderas hubiera tenido más.

¿Tiene nietos?

Tengo uno de 12 que aprendió a remar solo, donde había un charco cogía un palo e imitaba mis movimientos. No sabíamos por qué rompía todas las escobas, hasta que descubrimos que hacía como yo, meter el palo debajo del remolque para comprobar que estaba bien atado. Ahora juega a fútbol, y se cabrea porque entrenan poco: sale a mí, quiere ganar hasta en los entrenamientos. Tengo otra nieta de 17 años que hace atletismo.

Ha estado varios años como capitán en el programa de EITB El conquistador del fin del mundo, y de ahí le viene lo de showman.

Los primeros años, en Patagonia, exploraba con Juanito, cazábamos, pescábamos. Aprendí que aquí nos sobran demasiadas cosas. Para vivir solo necesitamos agua, fuego, refugio y un poco de comida.

¿Por qué lo dejó?

Me terminé cansando porque la gente sabe que no me callo y venía a buscarme la boca. La vez que peor lo pasé fue cuando abandoné. Lloré más de lo que había llorado en mi vida, porque me sentía impotente, veía que no podíamos ganar y aquello ya no tenía sentido para mi.

¿Qué tal se lleva con Juanito?

Somos amigos, y seguimos quedando a menudo. Nos entendemos bien.

¿Cuál es el momento más especial que ha vivido en el remo?

La última Concha, en 2012, porque había varios remeros que nunca había estado en la Concha. Esa vez también se me saltaron las lágrimas.