En un mundo en el que arrasan los excesos de las Kardashian, o las Belén Esteban de pensamiento romo y lengua afilada, de pronto, Alfred y Amaia rompen los esquemas. Chavales sencillos, con talento, y sobre todo, buen rollo. No hay gritos, no hay peleas. Y voilá, se hace la magia. 4 millones de espectadores pegados a la pantalla para ver ganar a Amaia convierten la final de Operación Triunfo en lo más visto de la jornada: el mejor dato para TVE desde diciembre de 2016, ahí es nada.

Y cómo no caer en la tentación de estirar el fenómeno. Días después de que terminara el programa, nos tragamos una gala especial en la que se volvieron a reunir los 16 concursantes. Nunca supimos a qué venía, pero realmente no importaba, porque teníamos ganas de más, como cuando te pides tarta de queso de postre aunque estés hasta arriba. Valió la pena solo por presenciar –por fin– la sentida declaración de amor de Alfred a la navarra. Y qué decir del canal 24 horas de Youtube, gran responsable del éxito del programa, y al que seguían conectados cientos de fans cuando sus ídolos ya habían vuelto a sus casas.

Lo curioso es que el final del concurso no ha supuesto más que un punto y seguido en la popularidad de los triunfitos. Amaia, con sus directos de Instagram, no deja de darnos momentazos increíbles como cuando muestra por error a sus miles de seguidores el lugar exacto en donde vive al enfocar los copos de nieve que caen en su ventana; o como cuando su madre le riñe porque no haber hecho aún la maleta.

A estas alturas de la película lo que suceda con la parejita es prácticamente secundario. Independientemente de siguen juntos o no, el próximo 12 de mayo muchos estaremos pegados a la tele para verles interpretar en Lisboa Tu canción. Un pastel de canción, pero ¿quién ha dicho que no seamos golosos?