La que escribe estas líneas no pudo evitar emocionarse en la gala Donostia Bihotzean de la bailarina Alicia Amatriain. Pónganse en situación: viernes, 10 de noviembre, a las 22.00 horas, en un abarrotado Victoria Eugenia. Amatriain, principal bailarina del ballet de Stuttgart, quien el día anterior había recibido el reconocimiento del Ayuntamiento de Donostia, baila la última pieza de la noche: “Egurra”. Todo un homenaje a su ciudad y a su gente. También, una declaración de intenciones.A ritmo de txalaparta, y con la melodía del aurresku, la bailarina expresa lo que lleva en el corazón, bihotzean, tal como es ella, elegante, perfecta en la técnica y con una humildad envidiable. Es la culminación de una noche en la que ella ha bailado seis piezas, siempre un número par, porque detesta los impares. Y es entonces cuando se me agolpan los recuerdos de infancia. La recuerdo alegre, con una amplia sonrisa, y siempre dispuesta a la broma. El moño apretado desde el punto de la mañana significaba que esa tarde le tocaba ir al Conservatorio. Peter y Águeda, cuántas veces nos los mencionaba. Recuerdo sus pies, machacados por el entrenamiento, y también una ligera sombra de orgullo al mostrárnoslos en el patio de la ikastola. Recuerdo que si alguien sabía qué iba a ser de mayor, era ella. En aquél entonces, el ballet era su vida. Ahora, el ballet es Alicia Amatriain.

Trayectoria salpicada de premios

Alicia Amatriain cuenta en su haber con los mayores reconocimientos que puede recibir una bailarina, entre otros: el Premio Benois de la Danse, también llamado Óscar de la danza, así como el Kammertänzerin, máximo reconocimiento, o el premio der Faust, siendo la primera artista española en recibir éste último.